Esos curas que bendijeron la coca yungueña...

“La coca yungueña es símbolo de vida”. El día en que la Pastoral Yungueña, dirigida por los padres de la Orden de San Agustín (OSA), hizo esta declaración generó gran controversia al interior de la Iglesia Católica y en la política boliviana.

Corría el segundo quinquenio de la década de los años 80 y el gobierno de Víctor Paz Estenssoro intentaba convencer al país de que la hoja de coca, en su estado natural, era lo mismo que la cocaína, con el objetivo de ganar apoyo para su duro proyecto de Ley de Sustancias Controladas y Régimen de la Coca, promulgado luego con el número 1008.

En medio de la polémica nacional, curas, monjas y agentes pastorales yungueños habían tomado claro partido por los campesinos de la región. No era poco: Los religiosos agustinos holandeses bendecían la coca que se pretendía satanizar desde esferas oficiales. Lo cómodo habría sido seguir con sus misas y catequismos, pero ellos se tomaban a pecho el verso bíblico de San Juan, 15:13: “Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos”.

No era poco: Los religiosos agustinos holandeses bendecían la coca que se pretendía satanizar desde esferas oficiales

Así eran estos hombres cuyos últimos representantes vivos, el padre Jaime Postma y el hermano Bernardo Thöne, murieron hace algunos días en su natal Holanda. Los religiosos de la provincia holandesa de la Orden de San Agustín llegaron a Yungas a principios de los años 30 y desde entonces, por más de seis décadas, compartieron la vida diaria de quienes habitan en los municipios de Chulumani, Irupana, Yanacachi y La Asunta.

Y no es que los agustinos holandeses hayan sido fanáticos de la Teología de la Liberación, tan en boga en esa época. Para nada. Varios de ellos hasta mantenían posturas bastante conservadoras al interior de la Iglesia. Lo que tenían era una fe declarada en la gente del lugar, en su capacidad de construir su propio futuro. Y la coca siempre había sido parte fundamental de la vida de los yungueños y las yungueñas…

Recuerdo que en esos años publiqué el artículo “Coca: las dos caras de la iglesia” en el boletín “Minga”, que producía Radio Yungas y que distribuían los propios sacerdotes en sus respectivas parroquias. En él mostraba las posiciones contradictorias del entonces Arzobispo de La Paz, Monseñor Luis Sainz, a favor de los productores de la hoja; y del nuncio apostólico, Giovanni Tonucci, quién decía que los campesinos sabían que eran parte de la cadena del narcotráfico.

El padre José Geldens, director de Radio Yungas, me comentó que uno de los sacerdotes agustinos se negaba a repartir ese boletín en su parroquia “porque mostraba una iglesia dividida”. Práctico como era, José me pidió que no me preocupara y me invitó a que lo distribuyamos los dos en nuestra próxima visita al lugar. Así lo hicimos.

Ese también era el nivel de debate al interior de la Pastoral Yungueña, donde, los agustinos no siempre tenían una posición única. Pero en lo que siempre coincidían era en su máxima de apostar por los locales, como arquitectos de su propio destino. Con ese mismo espíritu crearon junto a los yungueños obras de la importancia de Radio Yungas, el Centro Emaús, Pulmón Sano, las cooperativas de Ahorro y Crédito o Lavi Grande…
Por Guimer Zambrana


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