Sector oleaginoso insiste en biotecnologías

BAJA PRODUCTIVIDAD DE SOYA AFECTA COMPETITIVIDAD INTERNACIONAL.

Las exportaciones de soya y derivados –que van al mercado andino principalmente–deben enfrentar desde este año el enorme desafío de tener que competir en desigualdad de condiciones frente al Mercosur. Colombia, Perú y Ecuador que han abierto sus mercados a dicho bloque en 2018.

El gerente del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (Ibce), Gary Rodríguez, explicó que consumada la liberalización comercial de Bolivia con el Mercosur el año 2014, el comercio bilateral con Brasil y Argentina (sin el gas natural) se ha tornado crudamente deficitario para el país.

En su momento -recordó- el sector empresarial advirtió esta situación al entonces canciller Antonio Araníbar y al subsecretario Víctor Rico. “Cabe señalar que -contra toda lógica- el Acuerdo Bolivia-Mercosur tras la liberalización total, no se podrá aplicar salvaguardias”.

Dijo que luego de un largo proceso de liberalización que fue concertado en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi), la única previsión antes de llegar a este escenario fue dar un mayor plazo para la liberalización del universo arancelario, tiempo durante el cual se debió preparar a los productores para una mayor competencia, habiéndose agotado el plazo, refirió Reinaldo Díaz, presidente del Ibce y uno de los principales productores de la oleaginosa en Santa Cruz.

NEGOCIACIONES

Al respecto, manifestó que es necesario considerar el hecho que Perú y Colombia negociaron un Tratado de Libre Comercio con EEUU por el cual ambos mercados también están virtualmente abiertos en favor de un país que se caracteriza por los altísimos rendimientos agrícolas que tiene por la tecnología de punta que utiliza.

Siendo que el Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) es de lejos el primer productor de soya del mundo –seguido de EEUU– dicha situación resulta una verdadera amenaza para la continuidad de las exportaciones bolivianas a la Comunidad Andina, tomando en cuenta sobrecostos del enclaustramiento geográfico y la menor productividad que deviene de la escala y la tecnología con que se trabaja.

PROPUESTA

Para que la historia de la producción de soya en el país no acabe como la del algodón –cuyo cultivo de cerca de 60.000 hectáreas cayó a menos de 3.000– en opinión del gerente del Ibce, Gary Rodríguez, el Órgano Ejecutivo debería concebir políticas sustentadas en mayor productividad, por ejemplo, autorizando nuevos eventos biotecnológicos, libre exportación de excedentes, mayor uso de urea nacional a un precio económico y competitividad sistémica del país.


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